Como padres de dos niños adoptados, de 16 y 17 años,  son muchas las cosas y sentimientos que podríamos contar en estos años que forman parte de nuestra familia.

Fueron adoptados con 18 meses, y dos años y medio de edad, en dos procesos de adopción diferentes. Se nos exigió hacer dos cursos, pues no nos valió hacer el mismo para ambas adopciones, cuando los contenidos eran iguales, todo el proceso de papeleo y trámites a realizar idéntico y repetir curso nos suponía dejar a nuestra hija con amigos que se hiciesen cargo de ella el tiempo que estábamos en el mismo.

Vaya por delante que todo lo que comenzamos a vivir con nuestros hijos a la edad de 3 años la mayor y 5 el más pequeño, no encajaba en ninguna de las charlas recibidas en esos cursos. Hay comenzamos esa larga andadura que hoy en día continuamos, a la cual, desde que conocimos Petales le podemos poner nombre.

No nos importa decir que pertenecemos a la comunidad autónoma de Castilla la Mancha, ya que lo que voy a pasar a relatar de un modo muy simplificado, puede ser comprobado en los ficheros de dicha comunidad.

Con la adopción de mi hijo tuvimos muchos problemas al llegar al país de adopción. Lo que allí comenzó a suceder no se correspondía con los papeles oficiales que se nos había entregado desde nuestra comunidad. Igual, por ser padres “luchadores”, no nos cruzamos de brazos y quisimos llegar al fondo de la cuestión. La niña que llevábamos asignada, una mano misteriosa la había hecho desaparecer (estas fueron las palabras que se nos dijeron desde los encargados de la agencia en el país de adopción). La agencia de adopción nos “amenazó” con volvernos sin el niño si seguíamos hablando en el país. Nuestra comunidad autónomo, a día de hoy, no nos ha dado la aceptación del menor (creo que se llama así), pero estamos lo más de tranquilos porque tenemos todo tipo de documentos que justifican que nuestra adopción fue legal 100%, y que a la llegada a España, después de tener que oír muchas cosas desagradables por parte de personas de relevantes cargos en la Junta, relacionadas con servicios sociales, aportamos pruebas más que suficientes para que la agencia de adopción con la cual íbamos, fuera desacreditada en el país. Se empezó a tirar de la cuerda y empezaron a aparecer irregularidades por parte de la misma. Aún estamos a la espera de que alguna de esas personas que tanto pusieron en duda nuestras palabras y escritos, como ciudadanos castellano manchegos, se dirijan a nosotros para pedirnos unas disculpas. Siempre creyeron más los escritos que llegaban del país de adopción, por parte de esa agencia que tantas irregularidades cometía, que las informaciones que enviábamos nosotros.  Todo lo expuesto se puede demostrar y, como he dicho, constaren los ficheros de la JCCM y en documentos que nosotros podemos mostrar. Todo lo guardamos para si algún día le teníamos que mostrar a nuestro hijo que “su parto” no necesitamos de epidural, pero fue largo, doloroso y costoso.

Una vez resuelto todo este tema, que nos supuso mucho gasto de adrenalina, creíamos que ya podíamos comenzar una vida familiar dentro de la normalidad.

Comienza la etapa escolar de nuestra hija, y a los 4 años ya comienzan a llamarnos del centro que algo les parece que no es normal dentro de su comportamiento. Comienzan las pruebas por parte del equipo de orientación, y los resultados son normales. Tan sólo se ve un poco movida pero que al ser tan pequeña puede ser por falta de maduración.

Reunión tras reunión, queja tras queja, nos enteremos por casualidad que puede tener TDAH, de lo cual jamás habíamos oído hablar. Comenzamos las visitas a pediatra, equipo de salud infanto-juvenil, orientación del colegio… y por fin se le diagnostica TDA. Puesta la medicación correspondiente, tras muchos pensárnoslo, comenzamos una nueva etapa con ella y en nuestra vida, pues nos empezamos a informar en qué consiste esto del TDA. Implicación en la asociación de la ciudad en la cual vivimos, cursos, talleres, charlas, “disputas con el centro” el cual no trabaja del modo apropiado con ella, pero una lucha, que no le deseo ni a mi peor enemigo, pero al final conseguimos que nuestra hija acabara su 4º de ESO con su correspondiente título.

Hasta aquí lo que podría ser un breve resumen escolar, lleno de desengaños, desesperanza, rabia hacia el sistema educativo, escritos constantes al centro, a inspección… del cual sacamos una titulación pero la frustración de pensar que mi hija pudo conseguir esa titulación debido a la lucha constante de sus padres y los recursos económicos que poseemos, pues no todo niño puede ser apoyado con profesores particulares en casa, ni sus padres tienen las herramientas para saber donde dirigirse. De toda esta etapa tenemos un dossier de más de 36 páginas, enviado una vez terminada la ESO, al centro de estudios, inspección, jefe de inspectores, equipo de atención a la diversidad, pidiendo que por favor, lo que nuestra hija tuvo que pasar (y nosotros como familia), no le hagan pasarlo a ningún otro chaval. Ni una sola respuesta por parte de nadie. La impotencia la seguimos manteniendo, a la vez que la tranquilidad por saber que hemos hecho todo lo que ha estado en nuestra mano, a nivel académico, por nuestra hija, pero también gran frustración al ser conscientes que le quitamos toda la niñez por el tema académico, dado que el profesorado sólo exige que apruebe, que haga… sin llegar al fondo del problema ¿por qué no hace, por qué no aprueba, por qué no es aceptada por sus compañeros…? Con toda la información y documentación que obra en nuestro poder, en cualquier medio de comunicación, hubiésemos hecho mucho daño, pero lo que queremos es ir tendiendo puentes que nos ayuden a todos a construir un mundo mejor. Hasta el momento hemos encontrado muy pocos “albañiles” dispuestos a hacerlo en el tema educativo. Eso si, nos hemos tenido de formar de leyes, tipos de adaptaciones a los chicos, circulares, obligaciones y derechos de los padres, profesores….

Y con todo este problema académico, se va desarrollándose otro tema, al cual no sabíamos como etiquetar, pero eran conductas que nos hacían buscar sin descansar, a lo que podían ser debidas. Estas conductas se daban en mis dos hijos, aunque el pequeño no tenía ningún diagnóstico de TDA y en el cole, siempre diciendo que era movido, pero su curso académico lo ha ido sacando sin demasiado problema, socialmente muy aceptado por el resto… porque también él ha sabido hacerse su hueco. Si fue capaz de salir a flote los primeros 18 meses de su vida, ¿no iba a ser capaz de hacerse su pandilla, ser aceptado e incluso llegar al consejo escolar del centro que él mismo se propuso?

Desde bien pequeños comenzaron en el grupo scouts, al cual sólo le podemos decir gracias por todos los valores que han trabajado con ellos, el modo que los han tratado y cómo han sabido motivarlos para estar tantos años con ellos.. Mi hija a los 16 años decidió dejar el grupo y mi hijo aún sigue con ellos, ilusionado más que el primer día.

También estuvieron varios años en un club de natación cuyo entrenador hizo mucho por ellos. Resolvió alguna situación irregular que cometió mi hija, desde la discreción, ayuda y comprensión en todo momento, sin usar el castigo ni la expulsión del club.

Pensamos que este tipo de ambientes les ayudarían, y estoy convencida que así ha sido.

A los dos les cuesta decir la verdad, cogen cosas que no necesitan, sin permiso y no sólo a nosotros, sino a personas cercanas, en el colegio también… esconden la comida por debajo de los colchones, en los cajones de la ropa, en el baño… Al principio pueden parecer cosas de niños, pero los años van pasando y las conductas permanecen.

Cuando existía servicio post-adopción en la JCCM, allí que estuvimos. Tuvimos que aguantar el llegar y ver como en cada sesión, había una psicóloga diferente, a la cual había que empezar a contar todo el rollo desde el principio. Mis hijos ya hasta se negaban a ir porque aquello era todo un suplicio. ¡Menos mal que llegó la crisis! Un día llegamos y la psicóloga que había nos dijo que ella era de mediación familiar y de adopción no entendía sino lo que había leído en un libro. Le agradecimos su sinceridad, le dijimos que no teníamos nada contra ella, pero que no estábamos dispuestos a comenzar con otro equipo de profesionales que desconocían el tema y que nosotros ya estábamos hartos de la poca seriedad del mismo. Le agradecimos su sinceridad y nos dirigimos a la JCCM a poner al queja correspondiente. A la cual nos contestaron que esos profesionales eran muy válidos. ¡qué fácil es poner en un papel cualquier cosa sin empatizar con la familia que te pone la queja!

No podíamos parar y seguimos buscando. Parecía que la psicóloga de la asociación del TDAH estaba dispuesta a trabajar con ellos. Mi hijo se negó a colaborar con ella y dejamos las visitas. Con la chica ha seguido hasta este mismo mes de febrero, un poco por no seguir intentándolo, pero sin ver modificación alguna en sus conductas después de tantos años de terapia. Bien es verdad que no podemos saber cómo estaría si no hubiese estando asistiendo a esas terapias. No han modificado conductas pero tampoco las han acentuado más.

Para el chico me hablaron de una asociación que trabajaba con niños adoptados bolivianos y allí que nos pusimos en contacto con ellos. Durante un curso, vía skype (pues era en Madrid y nos era imposible el poder asistir todas las semanas), comenzamos la terapia. Todos los miércoles ante la tablet. Nos dijeron que en un trimestre íbamos a notar los cambios. Fue un año muy complicado y yo estuve a punto un par de veces en ir con mis hijos a los servicios sociales de la junta y decirles: “aquí los tienen, hagan lo que consideren oportuno con ellos, pero así no podemos vivir en la familia”.

Por esos momentos, mi  hijo comenzó a mostrar cierta agresividad antes nosotros, que pudimos ir controlando sin llegar a más, pero que psicológicamente nos dejaba agotados. Yo no quería seguir viviendo en una familia así. El trimestre pasó, y nos propusieron seguir la terapia otro trimestre porque en ese tiempo seguro que se conseguía. Terminó todo el tiempo, seguimos igual que hasta entonces. Eso si, con bastante dinero menos en nuestro bolsillo, porque vaya por delante que todas estas terapias tienen un coste económico elevado, y con el conocimiento de otra nueva profesional en este mundo, la cual tampoco supo dar respuesta a nuestras demandas.

Con mi hijo, a partir de ese día,  empezamos a utilizar el sentido común,  mi marido que es más tranquilo que yo, empezó las negociaciones con él, y así, a base de negociaciones, castigos, amenazas, reconocimientos… pudimos hacer que esa agresividad la fuera controlando, hasta el día de hoy, que la sabe controlar bastante bien.

La primera vez que se fue de casa dando un portazo, tenía 13 años. Estuvo 5 horas fuera, sabiendo que se había ido con mucha rabia y que si se le ocurría hacer algo por ahí, los responsables éramos nosotros. Cuando regresó y estuvo calmado le dijimos que la próxima vez que se fuera de esas maneras, nosotros llamaríamos a la policía porque éramos los responsables de sus actos. Le dijimos que si sentía que para tranquilizarse debía salir de casa, que lo hiciera. Que saliese, a ser posible sin portazo, se diera una vuelta y en una hora como máximo estuviera de regreso. Desde aquel día así lo hace. ¿Nosotros hicimos lo correcto? Pues hicimos lo que el sentido común nos fue marcando, pero no porque supiésemos que es lo que encerraba todo aquello.

A día de hoy, y tras comenzar a conocer la existencia del trastorno de apego,  y Petales hace tan sólo unos meses, se ha abierto un nuevo mundo ante nuestros ojos. Empezamos a saber el por qué de muchos de sus comportamientos y hemos descubierto la palabra sufrimiento que jamás hubiésemos pensado que detrás de muchos de sus comportamientos está ese sufrimiento. ¡Cómo se puede pensar que unos niños que han llegado muy pequeños a una familia donde no les falta nada material y el cariño que muchas personas, pueden albergar ese sufrimiento, ese no poder vincularse!

Ahora nos corresponde empezar a trabajar con las instituciones y con lo que sea necesario, a marchas forzadas pues mi hija en unos meses cumple los 18 años y ante algunos de esos comportamientos que alberga, tendrá que responder por ella misma.

Han sido muchos años de tristeza, impotencia, rabia, incomprensión, duda, desencanto, muchas lágrimas derramadas…. pero con la esperanza, cada día, de poder encontrar una respuesta.

 Y ahora, cada día que voy descubriendo lo que es este trastorno, me repito lo mal que hemos hecho algunas cosas con ellos por desconocimiento.

Más de 10 años de búsqueda constante y ningún profesional nos ha sabido orientar. Tan sólo la psiquiatra que controla el TDA de mi hija, le llegó la información de PETALES, tuvo el detalle de apuntarlo en un papel y dármelo cuando fui a consulta. Después de tantos años, ella misma no sabía cómo ayudarnos en esos comportamientos.

Sé que es el comienzo de un nuevo camino de búsqueda y de lucha, en el cual, por lo menos, he encontrado a más padres que están viviendo lo mismo que nosotros y ya por lo menos veo que mis hijos no son “bichos raros”,  ni los únicos.

Apuntar por último, que hace un par de años, mi desesperación me llevó a retomar mi camino de búsqueda de soluciones y en el mes de julio, aprovechando mis vacaciones, me dirigí al servicio de adopción de la JCCM, con dos objetivos:

1.- Ofrecer los servicios de la psicóloga de la asociación de TDAH de Toledo para que en los cursos de padres adoptantes, si seguían habiéndolos, que les hablara de este tipo de trastorno. A nosotros nadie nos habló y en la asociación un alto porcentaje de niños adoptados están diagnosticados de este trastorno.

2.-Ayudarnos a las familias adoptantes de CLM, pues sólo ellos poseen todos nuestros datos. Pueden reunirnos y ver qué hacer con todos esos niños que en su momento eran pequeños pero están llegando a la adolescencia, y plantean muchos problemas familiares. A la JCCM le cuesta menos la prevención que el tener que pagar luego pisos tutelados o centros donde tenerlos cuando las familias no pueden con la situación. Y todo ello, no pedía que fuera de manera gratuita, sino que aunque los padres tuviésemos que costear, pero ir todos en el mismo sentido, con la misma profesional.

De palabra poco se resolvió.  Registré la carta a la directora general y recibí su contestación que agradecí enormemente, pues no todos contestan, pero sin ninguna solución.

Cuando me enteré de la existencia de PETALES, le volví a escribir diciéndole que le ofrecía esa información para las familias adoptivas. Me volvió a contestar que ya se han puesto en marcha servicios de post- adopción nuevamente. Siendo una familia post-adoptiva, que fui en su momento a buscar solución, si no es porque le envío esto, ni recibo ese tipo de información. Sigo pensando que las maneras no son las más adecuadas y se está perdiendo mucho en prevención que, a la larga tendrá costes más elevados, pero no ya solo económicos, sino personales para muchos chicos/as, que en su día fueron adoptados.

No pierdo la esperanza de creer que esto es un nuevo camino que hay que empezar a recorrer, las familias unidas, buscando soluciones que hagan la vida de nuestros hijos lo más feliz posible.