Carta de una socia de Petales a don Ciriaco, obispo de la diócesis de Albacete, con motivo de la celebración de las XXVIII Jornadas por la Vida.

 

Buenos días, don Ciriaco

Como albaceteña que soy y miembro activo de la Iglesia Católica, me atrevo a hacerle una petición.

Al ser las Jornadas de la Vida, he pensado lo positivo que sería que usted, ese día, tuviera unas palabras y un recuerdo especial para los chicos/as a los que un día sus madres decidieron darles la vida y luego después, por diferentes razones, no puedieron hacerse cargo de ellos y los tuvieron que abandonar y, sin ser abortados por ellas, ya se encarga la sociedad actual de ir “abortándolos” poco a poco.  A día de hoy no es conocido el trastorno que sufren (trastorno del vínculo o apego), que en muchos de los casos les llevan a tener “comportamientos diferentes” al resto, lo que hace que sean  excluidos, marginados… y sus familias juzgadas fuertemente, acusadas de no saber educar, ser permisivas…

Estos niños y niñas son producto de lo que les ha tocado vivir, de su abandono que, por supuesto, ellos no han elegido.

Con ellos no vale decir: “el amor todo lo cura”, porque en estos casos, puede ayudar, pero no curar.

Como madre adoptante de dos chicos que ha sufrido el rechazo de los mismos (sobre todo de una) en un colegio concertado de ideario católico, y queriéndome sentir parte de la Iglesia, me he atrevido a escribirle estas letras pues estoy convencida que si entre todos vamos dando a conocer el problema y, sobre todo, hablando, desde lo evangélico, puede ayudarnos a todos y en especial a la Iglesia de la cual formo parte y contra la cual me revelo en muchas ocasiones porque no entiendo como teniendo que acoger, sobre todo a los que más sufren, en lo educativo que es algo que tienen derecho a ello por ser niños, se les puede llegar a rechazar e incluso se los quieren “quitar de encima”.

Estos chavales son de los elegidos por Dios. Han vivido el abandono, su sufrimiento es grande, por más que uno pueda pensar que han tenido la gran suerte de caer en una familia estructurada, con todas las necesidades materiales cubiertas, con el cariño incondicional de sus padres que un día con mucho amor decidieron adoptarlos… pero ¿quién ve en nuestros hijos el daño cerebral causado por no haber tenido esa figura para apegarse en los primeros momentos de su vida o, quién conoce ese sufrimiento tan grande que les causa el haber sido abandonados por una madre que los engendró?

Agradeciendo enormemente la atención prestada a leer estas líneas y confiando que de alguna manera, bien en su homilía, en sus oraciones o en ocasiones que tenga de compartir con grupos de familias, se hará eco del “problema” de estos chavales porque necesitan de la aceptación y ayuda de todos, incluida la Iglesia.

­