Padres Asustados

por | Feb 10, 2018 | Actividades, BLOG, construyendo mentes | 1 Comentario

Una característica de las madres y padres con niños con trastorno de apego es la constante presencia del miedo en nuestras vidas.

Miedos diversos, desde el mismo momento de acercarse al niño para despertarle: ¡a ver cómo se va a levantar hoy! . Miedo a pedirle que haga una tarea simple (lávate los dientes, vente a comer, lávate las manos) y que conteste con un insulto o una negativa. Miedo a lo que pase en el colegio (partes, quejas de profesores, padres y otros niños, malas notas) miedo a expulsiones, a que el niño sufra acoso…Miedo a que la familia nos critique, a que el vecino se queje de algo , a que el niño o la niña decida escaparse, o que dé portazos y rompa algún objeto, o que nos pegue…Miedo a su futuro, a que se nos descarríe, a un embarazo no deseado, a las adicciones, a que se quede encerrado en su cuarto..

Son demasiados miedos, en demasiados frentes. Podríamos definirnos como padres asustados. Y ese miedo permanente, nos hace mucho daño, en muchos sentidos.

Por un lado, porque nuestro nivel de ansiedad es alto. Y eso repercute tanto en nuestro estado de ánimo, como en el sueño, en trastornos físicos como digestivos o dolores, agotamientos y en el pesimismo con el que podemos afrontar la vida. En la propensión a estados depresivos (aunque sean leves). En nuestra capacidad de razonar con propiedad…y en la actuación diaria con nuestros hijas e hijos. Y tenemos que recolocar nuestras prioridades y nuestras jerarquías, para conseguir poner en el lugar adecuado la felicidad y el disfrute de la vida.

Es muy importante reducir la reacción de miedo y para eso tenemos que conocernos mejor, y ver cuándo, cómo y porqué sentimos ese miedo.

El miedo provoca tres reacciones posibles: ataque, huida o parálisis. Luego, si sentimos que estamos gritando o cabreados…puede ser que hemos sentido miedo. O si me quedo bloqueado o escurro el bulto, puede ser por miedo. Y lo mejor con el miedo es encararlo. Pues el miedo no tiene medida si no sabemos a lo que nos enfrentamos. Si la causa es desconocida el miedo puede ser infinito. Pero si lo que nos da miedo es concreto, identificable…aunque no podamos solucionarlo, al menos podemos saber su alcance y reaccionar en consecuencia, pero sin pánico.

Una manera de reducir eso es no vivir miedo por cosas que no existen hoy. Por ejemplo: sentir miedo por el futuro de mi hija o hijo. Mejor es centrarse en el momento actual y ver qué se puede mejorar o solucionar hoy. Y enfrentar los problemas de uno en uno y de forma lo más concreta posible.

Por otro lado es importante no aislarse. Pues el miedo vivido a solas se amplifica, por que los pensamientos tienden a aumentarlo por la impotencia imaginada, o por cosas que desconocemos. Por eso es importante pedir ayuda, hablar con amigos o profesionales, desahogarse, contar con personas de apoyo o grupos humanos (y el magnífico ejemplo es PETALES y su grupo de desahogo)(De hecho los participantes de PETALES manifiestan siempre, al poco de entrar lo que les ha aliviado conocer a otras personas con los mismos problemas y contar con ellas como apoyo)

Otro tema es si uno observa que se ha caído en un estado depresivo, tratarlo cuanto antes, pues en la depresión el miedo se amplifica enormemente. Y sin embargo cuando uno está más animado, las cosas se pueden relativizar mucho más.
Informarse sobre el trastorno de apego, participar de talleres y cursos, leer algún libro, siempre pueden ayudar a concretar el problema, como decía antes y no sentir tanta impotencia y desconcierto. Y aprender cómo funciona la mente de nuestros niños y atenderles de forma adecuada.

A la hora de relacionarse con nuestras niñas y niños, el miedo nos lleva a reaccionar peor. A castigar. A desregularnos y enfadarnos y sufrir más con ellos y hacerles sufrir más a ellos. Por eso también es muy importante que nos trabajemos nuestro miedo. Que se podrá expresar más como rabia o enfado, que como miedo (y esto se aplica a nuestras hijas e hijos de la misma manera).

Este trabajo sobre el miedo permitirá ir al encuentro cotidiano de nuestra “lucha” más relajados y con más atención a nuestros estados emocionales. Y si de entrada estamos muy enfadados, o mal, es mejor tomarse un tiempo para relajarse y disipar la emoción negativa y luego poder acercarnos a nuestros hijos con otras actitud, más comprensiva, validadora, y mentalizadora (todos temas que iremos explorando en sucesivas entradas en esta sección)

Tenemos que cuidarnos para afrontar con fuerzas la tarea y no caer en agotamientos o situaciones de impotencia que refuerzan los miedos. Descansar, divertirse, realizar planes personales. Poder hacer cosas para nosotros mismos, sin culpa y sin sentir que descuidamos a nuestros hijos. Encontrar un sentido a la vida, más allá de los logros con nuestras hijas e hijos. Porque no siempre se ven o se dan en los plazos que esperamos, pero la vida sigue y tenemos que vivirla y disfrutarla.

Por eso las expectativas sobre nosotros y nuestras criaturas, deben acomodarse al máximo a lo realizable ya. Y con objetivos a corto plazo y concretos (conseguibles). De esta forma podemos sentirnos mejor y conseguir mejor clima en casa y pasar buenos momentos. Con ellos y a solas.

De una realidad asustada tenemos que pasar a otra realidad más segura, con más confianza , con menos tensión, gritos y luchas. Y ante esa prioridad debemos pasar a un segundo plano los temas que a otras familias les importan mucho como los estudios, la  limpieza, el orden, que no mientan, que no tengan ciertos comportamientos inadecuados y cosas así. Para nosotros tienen que ser secundarios a llevarnos bien y conseguir que nuestros hijos vivan en un entorno sin miedo que les lleve a ellos a recuperarse antes, y mejor,de sus propios miedos.

José Ignacio Díaz Carvajal
ignaciodiazcarvajal@gmail.com