La mirada de Christian

por | Mar 28, 2018 | Actividades, Noticias |

Presentación en el Concierto Benéfico de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de la Costa del Sol. 22 marzo 2018.

 

 

He pensado que la mejor manera de explicar que son los trastornos de apego es compartir con vosotros la historia de nuestro músico favorito. Un músico, no muy conocido, llamado Christian.

Christian era el organista de la corte del Arzobispo de Colonia, allá por el año 1782. Desde joven, había tenido relación con la música. Entre sus muchas actividades, también daba clases a los hijos de los nobles pudientes o de amigos y otros músicos.

Uno de sus compañeros músicos, un tal Johann, famoso por ser un borrachín, le llevó a su hijo. El joven era un muchacho, hosco, sombrío, resentido, y mal encarado.

Johann quería, a toda costa, convertir a su hijo en un niño prodigio, pues había quedado muy impresionado por que Mozart diese conciertos a los siete años. Asi que, comenzó a enseñarle piano, órgano y clarinete a los 4 años. Años después, aquel niño diría que se recordaba a si mismo, sentado en el taburete, tocando el clavecín entre golpes y regañuzas, llorando amargamente.

El estudio musical era lo único importante. Con frecuencia, en mitad de la noche lo sacaban de la cama para tocar el piano para los conocidos de Johann, a quienes quería impresionar.  Pronto fue un hecho frecuente que dejara de acudir a la escuela, dejando de tener relación con otros niños, por lo que no tenía amigos .

Algún tiempo después, murió el abuelo, auténtico tutor de la familia, y la situación moral y económica de la familia, empezó a tambalearse: el dinero escaseaba; los niños andaban mal nutridos y no era infrecuente que fueran golpeados por el padre, en sus frecuentes borracheras, que terminaron por llevarle a prisión, mientras que la madre iba consumiéndose por la enfermedad.

Christian decidió tomar a su cargo no sólo la educación musical de su alumno, sino también su formación integral.

Pese a ser despistado, indisciplinado, padecer arranques de mal humor y tener un carácter adusto, Christian tenía el don de ver lo mejor de su alumno. Y de ver en él sus grandes posibilidades como persona y como músico, sobre todo, una inequívoca personalidad reveladora de una fuerza que lo iban a convertir en uno de los figuras más grandes de la música de todos los tiempos.

Su relación no era la que podemos imaginar entre un maestro con su alumno. Christian compartía con su alumno la pasión y convicción de que la humanidad estaba a punto de pasar página para entrar en un mundo mejor, y que iban a presenciar el nacimiento de una verdadera civilización. No olvidemos que estaban justo en los albores de la Revolución Americana y a las puertas de la Revolución Francesa, en plena Ilustración.  Christian y su alumno debatían libremente, de igual a igual, las obras de los más importantes pensadores, antiguos y contemporáneos y soñaban con un mundo mejor.

Como diría de Christian algún tiempo después  su alumno, de él aprendió a «Hacer el bien allí donde podamos, amar la libertad sobre todas las cosas, y nunca negar la verdad»

Con el constante apoyo de Christian, y al calor de su mirada amable y empática, su alumno fue adquiriendo fama como compositor de conciertos y graciosas sonatas, y reputación como pianista original y virtuoso.

A la edad de 11 años, publicó su primera composición, y podemos percibir la mano amorosa de Christian, en la publicación que firmaba en la Revista de Música, acerca de su talentoso alumno: “Si continua de esta manera, será sin duda, el nuevo Mozart

Sin embargo, su aspecto desaliñado le granjeaba muchos problemas. Muchos años después, siendo ya un adulto, mientras daba sus paseos, los campesinos de los pueblos cercanos solían tomarlo por un mendigo, ladrón o demente. Incluso una vez, caminando distraído por la gran ciudad,terminó perdiéndose y siendo arrestado por vagabundo.

La higiene, sin duda, no era una de sus prioridades. Siendo ya adulto, algunos de sus admiradores que viajaron para conocerlo escribieron la siguiente descripción:

“Imaginaos el colmo de la suciedad y el desorden: cubos de agua que decoraban el pavimento y un piano de cola, bastante viejo, sobre el que el polvo se hacía sitio entre folios de música manuscrita o impresa. Bajo el piano -no exagero-un orinal sin vaciar. (…) La mayor parte de los asientos estaban cubiertos por ropa y por platos llenos de los restos de la cena del día anterior.”

Pero lo peor eran sus modales. Un verdadero lobo entre ovejas, que por su carácter asocial, no encajaba en los exclusivos círculos nobiliarios. Seguro de su propio valor,  daba rienda suelta a su carácter explosivo y obstinado. Despreciaba las normas sociales, las leyes de la cortesía y los gestos delicados, que juzgaba hipócritas y cursis. Siempre atrevido, se mezclaba en las conversaciones más íntimas, estallaba en las más ruidosas carcajadas, contaba los chistes del peor gusto y ofendía con sus coléricas reacciones a los más distinguidos invitados.

Pero no por eso Christian dejó de apoyarle. Por su recomendación nuestro joven fue contratado como músico en la corte a los 14 años.

Allí pronto le tacharon de misántropo, megalómano y egoísta. Muchos se distanciaron de él y hubo quien llegó a retirarle el saludo y a negarle la entrada a sus salones, sin sospechar que él era la primera víctima de su carácter y sufría en silencio tales muestras de desafecto. Su sufrimiento se refleja claramente su testamento, en el que dejó dicho «Oh, hombres que me juzgáis malevolente, testarudo o misántropo. ¡Cuán equivocados estáis!».

Tampoco sus relaciones con el bello sexo fueron exitosas, pues su carácter adusto, imprevisible y explosivo le impedía tener
y mantener relaciones estables.

Pero Christian, siempre estuvo a su lado.

Por su recomendación, no dejaba de componer, trabajar y perfeccionar su arte, fomentando su pasión por la música, la verdadera piedra fundamental sobre la que su alumno pudo auto-construirse. «Un poco más y hubiera puesto fin a mi vida», confesó, pero la música le frenó: «Imposible dejar el mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir».

Lo recomendó y envió a los mejores maestros de su época, y llegó a estudiar con Haydn, Salieri,  y mantener contactos con Mozart y todos los músicos importantes de su tiempo.

Y compuso obras que permanecerán en la Historia de la Música por todos los tiempos, por su pasión y por su libertad. Su atrevimiento fue tal que rompió con todas las tradiciones musicales, transgredir sus leyes y variar fundamentalmente sus formas, destrozando todo aquello que pudiera limitar su espíritu creador. Dejo una famosa frase: “No hay regla que no pueda ser violada para lograr un efecto de mayor belleza”.

Muchos años después, nuestro alumno , llamado Ludwig Van Beethoven le escribió a su maestro, Christian Gottlob Neefe: «Si alguna vez me convierto en un gran hombre, a ti te corresponderá una parte del honor».

Beethoven, muy posiblemente, padecía Trastorno Reactivo del Apego.

Y Christian Neefe, descubrió lo único que le hacía falta :

Una mirada empática, un trato amable, una fe infinita en sus posibilidades y una paciencia inacabable. Y saber descubrirle una pasión que diera sentido su vida.

Para terminar os invito a que, una vez en casa, os respondais a las siguientes preguntas:

¿Que hubiera pasado hoy en día , en vuestro conservatorio o en vuestra escuela, con este chico sucio, malhumorado, desagradable, molesto..?

¿Sabríais ver en el a un posible Beethoven?

 

Os invitamos a cambiar la mirada.

Toda persona puede florecer,si cambiáis su mirada sobre ella. Os invitamos que, como nosotros, practiquéis cada día

la mirada de Christian Neefe.