Hoy me gustaría compartir algo con vosotros.

Cuando vino mi hijo, mucha gente me decía que era muy generosa por “la obra de caridad que había hecho”. Compartiréis conmigo el enfado que sentía ante esos comentarios a los que siempre respondía que era otra forma de tener hijos y que era tan generosa, o no, como las demás madres.

Hoy, con la experiencia de 15 años, sobre todo este último, pienso que si la generosidad es supeditar, cada vez más, tu vida a las demandas de un hijo, si es reinventarse cada día después de apuestas frustradas, si es reformular hasta el último, todos los esquemas de educación y crianza incorporados desde pequeños y no perder el juicio en el intento, si es contener los propios impulsos defensivos ante agresiones que siempre han de ser traducidas y reguladas, si es tapar, justificar y hacer de puente en sus relaciones con los otros, si es…… todo eso y mas, entonces creo que la generosidad es una “marca” distintiva en los padres adoptivos. Sí, somos generosos, “por dentro y por fuera”.

Con respecto a ellos, creo que “su egoísmo” tiene que ver mas con un mecanismo reactivo ante la sensación de no pertenencia y a la construcción de su propia identidad: “lo que es mío, soy yo y no estoy dispuesto a volver a perderlo” (mi hijo todavía guarda juguetes, libros, ropa de cuando era muy pequeño) siendo, al mismo tiempo, especialmente sensibles y generosos con aquellos con los que se identifican.