Comparecencia de Javier Múgica Flores ante la Comisión Especial de estudio de la problemática de la adopción nacional y otros temas afines del Senado

por | Oct 11, 2018 | Bibliografía, Escuela, Salud | 0 Comentarios

Hoy, casi 10 años despues, repasamos la Intervención de  D. JAVIER MÚGICA FLORES, del  Servicio Arlobi-Adoptia de Agintzari, Sociedad Cooperativa de Iniciativa Social ante la Comisión Especial de Estudio de la problemática de la adopción nacional y otros temas afines del Senado.

2 de noviembre de 2009

Algunos extractos:

” … La mayor parte de las personas, y probablemente todos los que estamos presentes en esta sala, hemos vivido el siguiente ciclo de apego seguro y, por tanto, hemos aprendido un montón de cosas gracias a estos cuidados. Tuvimos necesidades, las pudimos expresar y recibimos de esa persona especial, que empezó a trabajar con nosotros desde el principio, una respuesta sensible a nuestras necesidades, nos dio respuestas sensibles, duraderas y, además, completas; y esto produjo alivio.

El que vive así, de esta manera, y de forma permanente durante los dos o tres primeros años de su vida y esto es así siempre que le pasa algo o casi siempre, va a desarrollar una personalidad muy diferente a quien no ha vivido así. Será una persona alegre, con capacidad para el disfrute de la vida, con capacidad para confiar en el ser humano —en los demás y en sí mismo—, con capacidad para autorregular sus emociones, para regular sus sentidos o sus experiencias y sus conflictos, y tendrá una identidad positiva en el sentido de autoestima adecuada.

Sin embargo, quien vive experiencias de malos tratos, de abandono, de negligencia o de institucionalización, se va a encontrar con frecuencia con que el ciclo es diferente: tiene necesidades que le perturban y las expresa, pero no hay una respuesta sensible a esas necesidades y, por tanto, no hay un aprendizaje. Tenemos que pensar que así hemos aprendido casi todo lo que luego vamos a desarrollar como seres humanos; así aprendemos a entender la vida, a entendernos a nosotros mismos, a entender a los demás, a regular la relación con los demás y a algo tan sencillo como aprender. En la medida en que nos independizamos, vamos aprendiendo y ganando territorio y adquiriendo nuevas habilidades.

La persona que no ha tenido respuestas sensibles a sus necesidades de forma sistemática, o que ha tenido respuestas incoherentes, rechazadoras o maltratadoras —y, por tanto, incompletas— en lugar de alivio va a experimentar un incremento de las experiencias negativas, de las emociones negativas y va a desarrollar estrategias inadecuadas; estrategias que luego van a generar mucho conflicto y problema. Su personalidad va a estar caracterizada por la desconfianza; no sabrá confiar en los demás y no se dejará ayudar, no esperará nada de nadie ni la bondad de nadie. Además, la rabia será un sentimiento difícil de manejar y de controlar, y la desesperación será importante porque ante una situación de dolor no va a saber dónde acudir o no va a pensar que puede pedir ayuda. También experimentará vergüenza, sentimientos de culpa e incapacidad para regular las propias emociones.

Muchos de los niños más dañados —y algunos no tan dañados— nos dicen con frecuencia que la rabia les puede. Eso le ocurre a cualquier niño, pero cuando la rabia puede casi siempre, llegamos a una situación de desregulación; no somos capaces de manejar la rabia; de cien veces, cien, nos metemos en conflictos; no somos capaces de manejar las relaciones con las personas de nuestro entorno; y a la mínima frustración saltamos, al mínimo conflicto salta todo por los aires. Por tanto, la identidad de estas personas suele ser negativa.

Desgraciadamente, en el ámbito de la población adoptada y acogida nos encontramos con muchos niños, muchos menores, con rasgos de estilo de apego inseguro. En este sentido, no hemos de pensar en puro y neto sino que entre el estilo seguro y el estilo inseguro hay infinidad de espacios intermedios, que son ocupados por nuestros menores.

Esta es un poco la realidad de nuestros niños y, por tanto, para ellos el hecho de controlarse y regularse afectivamente, el manejar sus emociones y el miedo, el manejar la rabia y sus experiencias emocionales, el comprender a los otros y relacionarse con ellos, el ponerse en el lugar de los otros es una difícil realidad, un ejercicio muy complicado que muchas veces no logran. Además, no tienen capacidad para digerir los fracasos o las dificultades y, si la tienen, está mermada; asimismo, tampoco son capaces de interpretar la realidad de la misma forma en que lo hacemos nosotros. De alguna manera, su pasado va a condicionar su presente y, por supuesto, también su futuro si no ponemos a su disposición recursos de reparación.

“Sí les diré que necesitan un contexto estable y seguro y, por tanto, si ese contexto es la familia, hemos de cuidar y mimar a la familia de acogida o a la familia adoptiva porque son el receptáculo en el que se va a desarrollar el niño dañado. Por tanto, deberemos ser extremadamente exquisitos y dotarles de todos cuantos recursos podamos implementar para facilitar su tarea, porque su tarea no es igual que la de cualquier otro padre u otra madre; no tiene nada que ver y es muchísimo más complicada, más difícil, más compleja, más fácil de no llegar a buen término si uno no dispone de los recursos adecuados.

Pero los recursos no comprenden solamente los que ponemos en sus manos, también abarcan los recursos de la comunidad: la escuela, la salud mental y los profesionales que estamos en torno a las familias, que también acogemos y adoptamos y, por tanto, si no hacemos bien nuestra tarea con estas familias estaremos provocando a veces daños, daños innecesarios. Esto nos lo cuentan con frecuencia las familias adoptivas. Yo tengo la experiencia de ser para muchos el cuarto, quinto o sexto psicólogo que visitan. Ya llegan sin ningún tipo de esperanza y, a veces, esperando milagros maravillosos que casi nunca suceden.

Pero ¿dónde hemos estado los profesionales? No hemos dado la talla, no hemos sabido ayudar a muchísimos niños que hoy en día son adolescentes y adultos adoptados, por no decir adultos del sistema de protección o adultos acogidos, que hay menos. Necesitan que reparemos el sufrimiento que han tenido y las secuelas que genera en sus procesos de desarrollo todas y cada una de las experiencias de maltrato porque, si no, la adopción y el acogimiento son realmente experiencias no muy productivas si se acompañan solamente de la buena voluntad de las personas que acogen y adoptan, hace falta mucho más que eso.

Por supuesto, eso es importante y necesario, pero hacen falta sistemas de evaluación adecuados, hace falta poner ritmos a esa reparación, a los niños hay que prestarles apoyo durante un tiempo, hay que hacer seguimientos, hay que pedir a los diferentes recursos comunitarios que pongan soluciones a los problemas que les corresponden, que no son sólo de la familia porque la familia no es un aula de apoyo, ni quien tiene que reparar la salud mental de los niños que acogen o adoptan.”

“Si el niño víctima de abandonos y de experiencias de maltrato, de institucionalización y de negligencia se porta mal es malo, es un delincuente, y ¡leña! Es lo que pide la gente. Entienden que o es un delincuente o es una víctima bendita, pobre angelito. No, no existen estos estereotipos. Son niños dañados, y los niños dañados se comportan de forma equivocada o distinta a aquella a la que estamos acostumbrados. Es muy importante difundir este tipo de mecanismos de integración porque, si no, ni profesionales, ni familias, ni los propios menores entenderán por qué hacen lo que hacen.”

No sería una locura que diéramos a las madres de acogida y a las madres adoptivas la posibilidad de un año de permiso maternal. No sería ninguna locura para el desarrollo de los niños que acogen y adoptan. Sería un beneficio importantísimo para los cerca ya de 50 000 o 60 000 niños acogidos y adoptados  que hay en España. Es una propuesta que se puede hacer vía ley, que tiene unos costes pero que sería más razonable respecto de las necesidades de los niños acogidos y adoptados. No basta con adoptarlos, no basta con acogerlos, sino que hay que poner recursos. El apego con la madre de acogida, con la madre adoptiva, con el padre de acogida o con el padre adoptivo es fundamental, es la herramienta más importante, y esto requiere tiempo, presencia, estar ahí de forma continuada”

“Y también habrá que formar y preparar a la comunidad, y cuando hablo de comunidad, fundamentalmente quiero dirigirme al sistema educativo y al sistema sociosanitario, porque no tienen todos los recursos necesarios para esta población y, a veces, no entienden, no interpretan adecuadamente, o hacen tratamientos inadecuados a las necesidades de estos niños.”

Recomendamos la lectura íntegra del documento:

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