GESTIÓN DEL COMPORTAMIENTO DEFENSIVO: PLANIFICCIÓN ANTICIPADA, CONEXIÓN CON EL ALUMNO Y RESOLUCIÓN DE SITUACIONES DE CRISIS

Descripción: La Gestión del comportamiento defensivo ‘(Fields, 2004) es un enfoque de seis pasos para evitar las luchas de poder alumno-maestro que enfatiza la provisión de apoyo educativo proactivo al alumno, la eliminación de los factores desencadenantes del comportamiento en el aula, la construcción de relaciones, aplicación estratégica de técnicas de desactivación cuando sea necesario, y el uso de una conversación de “reconexión” después de los incidentes de conducta para promover la reflexión del alumno y el cambio de comportamiento positivo.

Propósito: Cuando los estudiantes muestran comportamientos no obedientes, desafiantes y perturbadores en el aula, se puede perder el control de la situación rápidamente. Al tratar de mantener la autoridad, el maestro puede caer en una lucha de poder con el alumno, que a menudo culmina con la expulsión del alumno del aula. Las numerosas consecuencias negativas de la mala conducta crónica de los estudiantes incluyen el tiempo perdido en toda la clase, las frecuentes expulsiones del estudiante y el estrés significativo del maestro (Fields, 2004). Con este enfoque se pueden prevenir estos resultados negativos.

Materiales: No se necesitan materiales especializados.

Pasos: la Gestión del comportamiento defensivo se implementa a través de estos pasos:

  1. Comprender el problema y usar estrategias proactivas para prevenirlo. El docente recopila información, a través de la observación directa y tal vez de otros medios, sobre instancias específicas del comportamiento problemático del alumno y los componentes educativos y otros factores que lo rodean. El docente analiza esta información para descubrir elementos específicos “desencadenantes” que parecen disparar los comportamientos problemáticos. (Los ejemplos de desencadenantes potenciales incluyen la falta de habilidades; no entender las instrucciones; fatiga debido al volumen de trabajo; renuencia a demostrar habilidades académicas limitadas en presencia de compañeros o adultos; etc.).
  2. A medida que el maestro identifica los elementos en el ambiente del aula que parecen desencadenar el incumplimiento o desafío del estudiante, el profesor adecua su trabajo para proporcionar el apoyo apropiado del estudiante para prevenir episodios de comportamiento (por ejemplo, proporcionar al alumno instrucción adicional en una habilidad; repetir instrucciones y escribir en la pizarra, “fragmentando” asignaciones de trabajo más grandes en segmentos más pequeños, reestructurando las tareas académicas para reducir la probabilidad de vergüenza del estudiante frente a sus compañeros).
  3. Promover interacciones positivas entre profesor y alumno. Al principio de cada sesión de clase, el maestro hace al menos una interacción verbal positiva con el alumno. A lo largo del período de clase, el docente continúa interactuando de forma positiva con el alumno (por ejemplo, una conversación breve, una sonrisa, un pulgar hacia arriba, un comentario de alabanza después de un comentario del alumno en una discusión en grupo grande, etc.). En cada interacción, el maestro adopta un tono genuinamente amable, cortés y respetuoso.
  4. Escaneo de indicadores de advertencia. Durante la sesión de la clase, el maestro supervisa el comportamiento del alumno objetivo en busca de cualquier indicador de comportamiento que sugiera que el alumno se siente frustrado o enojado. Los ejemplos de comportamientos que preceden el incumplimiento o el desafío abierto pueden incluir la interrupción del trabajo; murmurar o quejarse; convertirse en argumentativo; interrumpir a otros; dejar su asiento; tirar objetos, etc.).
  5. Ejercer la contención emocional. Cuando el alumno comienza a mostrar conductas problemáticas, el docente hace un esfuerzo activo por mantener la calma. Para comprobar activamente su estado emocional, el profesor rastrea las señales fisiológicas, como el aumento de la tensión muscular y la frecuencia cardíaca, así como el miedo, la irritación, la ira u otras emociones negativas. El docente también adopta estrategias de relajación que funcionen para el alumno, como respirar profundamente o contar hasta 10 antes de responder.
  6.  Usar tácticas de desactivación. Si el alumno comienza a intensificar su conducta a una conducta no conformista, desafiante o de confrontación (por ejemplo, argumentando, amenazando, con otras interrupciones verbales intencionales), el docente recurre a una serie de posibles estrategias de reducción para calmar la situación. Dichas estrategias pueden incluir conversaciones privadas con el alumno manteniendo una voz calmada, preguntas abiertas, parafrasear las preocupaciones del alumno, reconocer las emociones del alumno, etc.
  7. Reconectar con el alumno. Poco después de un incidente en clase de incumplimiento, desafío o confrontación del alumno, el docente se asegura de reunirse con el alumno individualmente para analizar el incidente del comportamiento e identificar los factores desencadenantes en el entorno del aula que pueden haber conducido al problema, y hace una lluvia de ideas con el alumno para crear un plan por escrito que evite la repetición de dicho incidente.

Ajustar / solucionar problemas: Recomendaciones para usar la Gestión del comportamiento defensivo como una estrategia de intervención y abordar los problemas que puedan surgir:

  • Considere adoptar una Gestión del comportamiento defensivo en las aulas. Particularmente en las escuelas primarias y secundarias, los estudiantes que son crónicamente inconformes o desafiantes a menudo muestran esos comportamientos inadaptados en todos los entornos educativos. Si todos los maestros que trabajan con un alumno desafiante utilizan el enfoque de Gestión del comportamiento defensivo, hay una mayor probabilidad de que el alumno encuentre que las aulas sean más predecibles y de apoyo, y que los maestros experimenten un mayor éxito con ese alumno.
  • No use la Gestión del comportamiento defensivo para responder a comportamientos físicamente agresivos u otras alteraciones serias de seguridad. Si bien el proceso de Gestión del comportamiento defensivo puede funcionar con bastante eficacia para prevenir o minimizar los estallidos verbales y el incumplimiento, el docente no debe intentar por su cuenta manejar la agresión física grave utilizando este enfoque basado en el aula. En cambio, los maestros deben responder a cualquier episodio de agresión física del estudiante mediante notificación inmediata a la persona competente.

Muy interesante para docentes. Texto original completo