Crónica reto 1000k por Juan Andrés Camacho, el Corredor Errante

por | Sep 13, 2018 | RetoCamino |

La presente crónica es un muy breve resumen de la aventura que viví junto a Manuel Tenllado y Paco Contreras en los 15 días que empleamos para recorrer los más de 1.000 kilómetros que separan Santiago de Compostela de Secadero.
Debido a los diversos problemas que fuimos encontrando, cuadramos la distancia finalmente en 1.000 km, pero para saber en detalle que pasó cada uno de los días estoy trabajando en un recopilatorio de las aventuras de cada jornada.
Puede que se quede en pdf, que pase a formato ebook o que se saque impreso, pero eso es lo de menos, cuando llegue el momento os lo presentaré; de momento, quiero compartir con vosotros la crónica general con este general resumen…

El pasado 25 de agosto, tras pasar cerca de seis horas viajando en autobús, hora y media en avión y otra media en autobús, tres ultrafondistas llegamos a la Plaza Do Obradoiro, en Santiago de Compostela.
De izquierda a derecha un servidor, Tenllado y Paco
Nuestro objetivo se encontraba a más de 1.000 kilómetros de distancia, en Secadero; tras desayunar y sin dormir nos pusimos en marcha, a las 12 de la mañana.
El recorrido se había trazado sobre plano usando My Maps, de Google Maps y en varios puntos fuimos enganchando algunos de los ramales del Camino de Santiago en sentido inverso, pero nos desviamos por carriles, senderos y hasta carreteras con el objetivo de buscar la ruta más directa posible.
A contracorriente, atravesando un segmento del camino en sentido inverso…
Nos llamó la atención que iban saliendo varios kilómetros de más por etapa… y nos dimos cuenta de que las mediciones no tenían en cuenta el desnivel positivo, saliendo casi 3 km de más por cada 500 metros positivos.
Pese a esos descuadres, tirando de veteranía, experiencia y buen humor, fuimos cubriendo las etapas; no faltaban las paradas técnicas para avituallarnos ni las fotos con carteles y escenas curiosas.
Hay por ahí cada pueblo que si se enterasen los gaditanos tenían material para 10 carnavales…
Las dos primeras etapas las dejamos sin cerrar alojamiento al tener la infraestructura del Camino de Santiago y fue un acierto, ya que modificamos sobre la marcha la ruta esos primeros días; a partir del tercero teníamos todo cerrado, habría que cubrir etapas como fuese.
Todos los días descubríamos nuevos parajes, conocíamos personajes auténticos y vivenciábamos anécdotas la mar de curiosas.
En la foto a continuación veréis un perro que nos siguió durante horas y cuando nos desviábamos del camino se tumbaba porque sabía la ruta mejor que nosotros, sin ir más lejos…
Con “Yolo” un perro como mi Yogur pero del tamaño del Cholo, labrador de mi suegra.
Ese mismo día hicimos noche en Portugal, llegando bajo una tormenta de rayos impresionante a la ciudad de Chaves.
El formato del reto nos obligaba a correr en autosuficiencia, cargando todo lo necesario en la mochila; la mía tenía pinta de ser la más ligera y rondaba los 5 kilos el día 1…
Al tercer día nos libramos de las toallas, fundas del saco de dormir y pantalones largos… ¡y menos mal!
Por ello las habilidades de supervivencia eran muy importantes y en ese aspecto pude aprender muchísimo de Paco y Tenllado.
Perdí la cuenta de la cantidad de manzanas, peras, moras o higos que fuimos recogiendo por el camino para alimentarnos, así como de las fuentes de las que nos fuimos hidratando, pero no solo eso cuenta como supervivencia…
La habilidad innata de Manuel para localizar bares y puntos de repostaje nos salvó en más de una ocasión, así como el conocimiento de remedios para combatir la fatiga y el cansancio de Paco; en la foto, recuperación muscular con agua fría.
No soy muy fan de mojarme los pies al correr con sandalias, pero muscularmente salí nuevo del pilón.
Pero ni con toda la experiencia que atesorábamos entre los 3 y la preparación con que partíamos pudimos sortear todos los problemas que el camino nos planteaba sin salir indemnes, poco a poco fuimos pagando el precio de la paliza a la que
sometíamos a nuestro cuerpo…
Arriba podéis observar los pies de Tenllado, que en el transcurso entre la segunda y la tercera jornada comenzó a generar unas impresionantes ampollas con las que se mantuvo a pie durante más de 200 kilómetros, hasta que conseguimos una bicicleta en Ciudad Rodrigo para que rodase con ella mientras sanaban sus pies.
Entró con ella a Extremadura y en 2 días salió de la comunidad extremeña a pie, su recuperación impresionó a todas las podólogas que le atendieron.
Pero no fue el único problema que nos encontramos, Paco tuvo gastroenteritis a mitad de reto y tuvo que vigilar su alimentación, la leche, sobre todo, acabando con molestias en los pies en las últimas etapas.
Por mi parte, yo me hice un corte bajo el pulgar del pie derecho de la fricción con la correa del huarache, que ese mismo día cambié, pero, aunque ya no rozaba estuvo varios días abierta la herida y al entrar el polvo y la suciedad del camino, escocía bastante y no cerraba, lo que me obligó a comprar zapatillas para correr con ellas dos etapas en Extremadura.
Igualmente sufrí una severa gastroenteritis que me tuvo 8 horas hospitalizado en Cáceres, con fiebre elevada, alucinaciones, vómitos y deshidratación severa; tras una jornada de reposo pude reponerme y, cuidándome la alimentación, enganchar a mis compañeros antes de la llegada a Monesterio.
Recibiendo suero vía intravenosa en el Hospital Universitario de Cáceres…
Pero de lo que no nos libramos ninguno fue del sol abrasador, que si bien ya subía la temperatura en las horas centrales del día desde el comienzo del reto (37º tuvimos en Orense), se hizo insoportable una vez que cruzamos la frontera por Salamanca.
Si alguien quiere correr Badwater le recomiendo las rectas infernales de Salamanca y Extremadura en agosto…
Llegamos a despertarnos a las 3 de la mañana para avanzar lo máximo posible y evitar la canícula, pero de una u otra forma todos los días acabamos avanzando bajo el abrasador sol, que nos castigó especialmente en Extremadura.
Estas fueron las etapas más duras, ya que, pese a reponer agua siempre que podíamos y aunque le echásemos hielo a los bidones tardaba poco más de una hora en calentarse y teniendo en cuenta que hemos llegado a atravesar hasta 25 kilómetros sin puntos de abastecimiento de agua, la alternativa a beberla caliente era no beber, algo inviable.
Por suerte, Fernando Soriano acudió a apoyarnos en la jornada previa al cruce hacia Andalucía, reduciendo nuestra labor a la de correr únicamente.
Con Fernando y Julio; aun con gastroenteritis, pero fue una de las mejores cenas…
Al poder vaciar nuestras mochilas de la mayor parte de nuestro peso y despreocuparnos por la logística al tener avituallamiento garantizado cada 7-8 kilómetros ya teníamos la certeza de que el reto tocaba a su fin.
Se nos sumaron además mis padres una vez llegamos a Andalucía, así como corredores y amigos de las diversas localidades que fuimos atravesando.
Si hubiésemos tenido semejante apoyo desde el día uno habríamos acabado 2 días antes…
Estábamos en casa y el cuerpo lo sabía… finalmente, el sábado 8 de septiembre, pocos minutos después de las 12 de la mañana, cruzábamos el arco de meta en Secadero.
Emocionante llegada a meta y genial recibimiento en Secadero.
Atrás quedaban 1.000 kilómetros y más de 12.000 metros de desnivel positivo, tras 150 horas en movimiento y apenas 75 horas de sueño de las 360 horas de duración que ha tenido este increíble reto.
14 días, 12 horas, 10 minutos y 53 segundos transcurridos entre la primera activación del GPS en Santiago de Compostela y el último metro recorrido en Secadero.
Puntos de pernocta a lo largo de la península…
En mi caso, según el algoritmo del GPS, este reto ha tenido un coste de 41.000 calorías, perdiendo 4 kilos y 400 gramos, siendo el pesado en las mismas condiciones el día previo y el día posterior al reto (desnudo, recién levantado y en ayunas).
En el aspecto económico el éxito ha sido absoluto igualmente, al alcanzarse el 100% de los 2.000 euros que nos habíamos propuesto como objetivo; cada grano de arena ha sido fundamental, así como los apoyos que recibíamos diariamente de docenas y docenas de corredores y amigos de todos los puntos de la península.
Ha sido todo un honor y un placer haber podido compartir camino con Paco Contreras “Eltziar” y Manuel Tenllado “El Correcaminos de Tesorillo y Secadero”, no podría imaginar mejores compañeros de supervivencia para la aventura que hemos vivido.
Espero que pese a ser el miembro más joven del equipo también haya aportado algo de experiencia y una perspectiva diferente en la toma de decisiones del día a día.
Si los intercalas con estos momentos, las horas de sufrimiento merecen del todo la pena

Con esto me despido, pero no sin antes agradecer a Paco y Manuel su compañía, a todos aquellos que nos han acogido y/o alimentado de buen gusto pese a llegar a horas intempestivas a los puntos de final de etapa, a los que nos han ayudado a encontrar puntos de abastecimiento o rutas más directas, a los que nos han animado desde la distancia, a los que nos han curado, a los que nos han brindado asistencia, a los que nos han acompañado, a los que han aportado su granito de arena a través del portal de donaciones…

Recordad que las aportaciones seguirán activas hasta el próximo sábado 15 de septiembre, os dejo el enlace por si hay algún rezagado aquí: donaciones.

Parte de la comitiva que nos acompañó en la última etapa…
Y especialmente al Ayuntamiento de Secadero por organizarnos un recibimiento de lujo pese a lo lluvioso de la jornada y a Petales España por realizar su labor e inspirar este reto.
Todo niño necesita alguien que esté loco por él
Con estas líneas me despido, este reto ha sido en todos los aspectos la experiencia más exigente y gratificante en mis once años de vida como corredor; espero tener la oportunidad de seguir viviendo aventuras como esta en los años venideros.
Gracias a todos los que lo habéis hecho posible.
FDO. Juan Andrés Camacho Fernández, El Corredor Errante.
Enlace directo a la publicación original:
http://www.elcorredorerrante.com/2018/09/cronica-reto-1000-km-por-el-apego-petales.html