Construyendo un apego seguro: intervención familiar en un caso de adopción internacional.

Aramburu, I.; Pérez-Testor, C., Mirabent, V. y Mercadal, J.

Universitat Ramon Llull. IUSM Vidal i Barraquer

 

Resumen:

Frecuentemente, alteraciones en la conducta de los menores adoptados son el motivo de consulta de muchas familias
adoptivas. Distintos estudios han puesto en relación la falta de cuidados emocionales durante el periodo previo a la adopción como un factor de riesgo para el desarrollo de un apego seguro. Desde nuestro parecer, algunas de las conductas desadaptativas que presentan una vez han sido adoptados, pueden ser consideradas como estrategias de apego que están al servicio de buscar la proximidad con las nuevas figuras parentales.

En este trabajo profundizaremos en la teoría del apego, trabajando conceptos como “apego” “modelos operacionales internos” y “mentalización”. Finalmente se ejemplificará a través de un caso estos conceptos.

Como conclusión destacaremos la importancia de las intervenciones enfocadas a aumentar la capacidad de mentalización tanto de padres como de hijos adoptivos con la finalidad de disminuir el sufrimiento familiar, mejorar la vinculación mutua y conseguir una mayor regulación emocional de los menores.

 

Consideraciones Finales:

Con este trabajo hemos pretendido, por un lado, mostrar el impacto de las carencias previas a la adopción en el
desarrollo del apego de los menores y por otro, la función reparadora que pueden llevar a cabo los padres.

Biel es uno de los muchos niños, que a pesar de ser cuidado y atendido físicamente en las instituciones, no ha podido recibir el cuidado afectivo necesario para poder desarrollar un tipo de apego seguro
(Vorria et al., 2003) que permita la mentalización de las emociones y el establecimiento de modelos internos de relación confiados.

Poder trabajar con familias adoptivas desde la teoría del apego nos permite interpretar de forma diferente y más adaptativa la conducta que presentan muchos niños cuando sus padres nos consultan. En ocasiones conductas
desafiantes, agresivas ponen en juego el vínculo entre padres e hijos, pero cuando los padres son capaces de entenderlas e interpretarlas como conductas al servicio de buscar proximidad y de tener un lugar en la mente del otro, los padres pueden acoger de forma más adecuada el sufrimiento de su hijo.

Esta perspectiva nos permite huir de focalizar el problema en la conducta y centrarse en la relación.

Desde nuestro punto de vista, el trabajo del terapeuta será promover la capacidad reflexiva y de mentalización tanto de los padres como de los hijos. Si los padres son capaces de contener, verbalizar y poner palabras a los estados mentales, a
veces confusos, de los menores, éstos podrán dar una respuesta más adecuadas a las necesidades del niño (Fonagy et al., 2002). Paralelamente también estarán ayudando al niño a desarrollar su propia capacidad reflexiva favoreciendo así una mayor regulación emocional.

En el caso de Biel y sus padres, la intervención pudo ayudar al pequeño a desarrollar un apego más seguro, mostrándose menos angustiado ante las separaciones y siendo capaz de aprender y desarrollarse de forma más autónoma tanto en casa como en el colegio.

Puedes acceder al texto completo en este enlace:

https://www.researchgate.net/profile/Carles_Testor/publication/323616267_7_Redif10_Barcelona/links/5aa03f8aaca272d448b03f9f/7-Redif10-Barcelona.pdf