Hablar de apego es lo mismo que hablar de vínculo afectivo y, por ende,de cómo se instaura. Es evidente que la naturaleza de nuestras  primeras relaciones, influye en gran medida en las que establezcamos  en el futuro. Es en este primer momento de la vida, cuando el niño aprende lo que puede esperar de un  ser humano.
1. Antes de nacer
El vínculo afectivo se establece antes de nacer: en el momento en el que dos personas adultas deciden tener un hijo.

Una de las primeras cuestiones nos remite al deseo del niño de nacer y al contexto en el que viven sus padres. Se habla de  niños que llegan por sorpresa, de los que nacen para intentar resolver las dificultades de una pareja que no va bien o para evitar que uno de los padres abandone el hogar, de niños habidos fuera del matrimonio y de todos los que de una manera u otra han sido deseados por sus padres.

Desde el momento de su nacimiento, el niño está influido por el sistema familiar y de pareja de su familia que influye muy profundamente en él.

2. Durante el embarazo
En el momento de la concepción del niño, comienzan para él, los nueve meses de vida intra-uterina. Durante este periodo pre-natal, el feto presenta ya una  vida sensorial :

  • capacidades de audición a partir de los 5 meses ; es así como el niño, desde su nacimiento , es capaz de reconocer la voz de su madre.
  • capacidades a nivel visual : se sabe que el feto presenta fluctuaciones de su ritmo cardiaco cuando se envían flashes luminosos sobre el vientre de su madre ; esta percepción visual se sitúa también alrededor de los seis meses de  vida intra-uterina ;
  • el olfato, el gusto : los gustos de la madre y su régimen alimenticio pasan al niño ;
  • el tacto y la sensibilidad táctil del niño in útero se ponen en evidencia  gracias a las técnicas de autonomía , es decir las técnicas de palpación del vientre de la madre ; en el momento  de esas caricias,  se ve claramente al niño desplazarse para colocar su espalda bajo la mano : se mueve de manera muy caracteristica ;
  • el psiquismo del niño va a construirse a partir de estos elementos de sensorialidad;  sobre estas  huellas kinestesicas  se funda un primer « yo » corporal, es decir sobre representaciones sensoriales;  no se trata todavía de una memoria, sino mas bien de huellas kinestesicas sensoriales que conducen a un esbozo de representación.

Se sabe también que la vida imaginaria y fantasmática de la madre durante el embarazo representa una base esencial de las relaciones  ulteriores que ella tendrá ( o no tendrá) con  su bebe, después del nacimiento .
Esta vida imaginaria es esencial para la transformación de una mujer en madre y en  su relación con su hijo cuando nazca. Esta representación del niño imaginario con una cierta idealización ( cuando se trata de un niño deseado) de este niño, puede a veces al nacer ser confrontado a una realidad no conforme a la  idealización de la madre durante el embarazo. Y cuando el niño no es deseado, que su madre no se entrega durante el embarazo, lo imaginario de la madre impregna al niño de vacío, de nada, de irrealidad.

El periodo neo-natal de los primeros días, léase primeros meses después del nacimiento,ha sido muy estudiado por una serie de autores ( Brazelton, Daniel Stern, Bertrand Cramer, Serge Lebovici). En el transcurso de los últimos 25 años, estos autores han trabajado mucho, estudiado y observado el bebé en el momento del nacimiento.
Las primeras experiencias del bebé se desenvolverán bajo el modo de la sensorialidad (la vista, el tacto, el reflejo de agarrarse, el reflejo de succión, son espontáneos).

3. Durante el primer año de vida,

El bebé pone a prueba miles de veces el establecimiento del vínculo afectivo: cada vez que llora, que tiene hambre o frío, que necesita una caricia comprueba que su mamá le da lo que espera.

El niño desarrolla sí una confianza de base en su madre, un sentimiento de seguridad que le permitirá explorar su entorno a partir del primer año.

4. Durante el segundo año de vida,
Se desarrolla un segundo ciclo de experiencias cuando el niño aprende poco a poco a aceptar los límites que comportan las reglas sociales. A partir de las experiencias diarias que le proporciona el cuidado de su madre, del  descubrimiento de lo que lo rodea, de la experiencia de  la ausencia o la proximidad de su madre, el niño es capaz de construir un modelo operativo interno del mundo que le rodea, de su madre y de él mismo.

Este modelo  es para el niño la representación de lo que suponen las relaciones sociales en general y lo que le cabe esperar de un vínculo afectivo particular: de la seguridad o inseguridad que éste genera.
Lo ideal es que el niño sea capaz de construir un modelo flexible y que le haga sentirse seguro. Y que este logro  lo aplique a las demás relaciones. Un modelo operativo interno eficaz permite al niño anticiparse a diferentes fenómenos y lo protege de posibles peligros que puedan presentarse en su propio entorno o en entornos nuevos.

Pero, si como consecuencia de repetidas experiencias con su madre o la persona que ejerce ese papel, este modelo no puede adaptarse a los cambios o a situaciones no habituales, el comportamiento del niño puede presentar síntomas de rigidez, inadaptación o, incluso, síntomas patológicos.

Concretamente, si un niño pequeño experimenta el rechazo de su madre -ya sea éste real o vivido como real por el niño- es probable que su modelo operacional interno le haga verse como alguien no digno de ser amado o aceptado y vea a su madre incapaz de darle la seguridad que necesita.

Este modelo, inicialmente desarrollado en las primeras interacciones madre/hijo, evoluciona durante el crecimiento  y ante las nuevas experiencias.  Pero, aunque estas nuevas experiencias tienen importancia, el niño y posteriormente el adulto que llegará a ser, dependerá siempre del primer modelo  de representación del mundo que se haya construido e interiorizado.

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