Con dolor, la tristeza es obvia. Con el trauma, los síntomas pueden pasar desapercibidos porque aparecen como otros problemas: frustración, mal comportamiento, dificultad en la concentración, dificultad para seguir instrucciones o para trabajar en grupo. A menudo los estudiantes son diagnosticados erróneamente con ansiedad, trastornos de conducta o desórdenes de atención, en lugar de entender el trauma que está causando esos síntomas y reacciones.

Para los niños que han experimentado un trauma, el aprendizaje puede convertirse en un gran conflicto. Pero una vez que se identifica el trauma como la raíz del comportamiento, podemos adaptar nuestro enfoque para ayudar a los niños a sobrellevar el problema cuando están en la escuela:

  1. Los niños que han sufrido un trauma no están intentando provocarte: en lugar de reprenderlos por llegar tarde u olvidarse la tarea, sé positivo y servicial estableciendo una señal visual o un recordatorio verbal para ayudar a ese niño. Cambia tu forma de pensar y recuerda que el niño que ha sufrido un trauma no está intentando hacerte enfadar.
  2. A los niños que han pasado por un trauma les preocupa lo que va a suceder a continuación: La rutina diaria en la clase ha de ser tranquila y previsible siempre que sea posible. Dado que las palabras pueden no encajar en los niños que pasan por un trauma, necesitan otras señales sensoriales. Además, se explicará cómo se desarrollará el día, habrá letreros en clase o un guión gráfico que muestre qué materia y/o actividad se hará y cuándo (matemáticas, lectura, almuerzo, recreo, etc.).
  3. Incluso cuando la situación no parece tan mala, lo que importa es cómo se siente el niño: intenta no juzgar el trauma. Como profesores atentos, podemos proyectar involuntariamente que una situación no es realmente tan mala, pero lo que más importa es cómo percibe el niño esa situación que le genera estrés y sobre la que no tiene control. Todo lo que mantiene nuestro sistema nervioso activado por más de cuatro a seis semanas se define como estrés postraumático.
  4. El trauma no siempre se asocia con la violencia: por ejemplo, un divorcio, una mudanza, el acoso escolar. En la actualidad, los niños experimentan un estrés extremo más a menudo de lo que pensamos.
  5. No necesitas saber exactamente qué causó el trauma para poder ayudar: En lugar de enfocarte en la situación traumática, concéntrate en la ayuda que puedes brindar al niño. Quédate con lo que estás viendo ahora: dolor, ira, preocupación, en vez de obtener todos los detalles de la historia del niño. No hay que cavar profundo en el trauma para poder responder eficazmente con empatía y flexibilidad.
  6. Los niños que experimentan trauma necesitan sentir que son buenos en algo y pueden influir en el mundo. Encuentra oportunidades que les permitan a los niños establecer y alcanzar sus metas, consiguiendo una sensación de dominio y control. Asígnales trabajos en el aula que puedan hacer bien. Es muy enriquecedor que ayuden a otros compañeros que necesiten apoyo. Debido a que el trauma es una experiencia sensorial, los niños necesitan algo más que aliento: necesitan sentir su valía a través de tareas concretas.
  7. Hay una conexión directa entre estrés y aprendizaje: Cuando los niños están estresados es difícil que aprendan. Crea un ambiente seguro y acogedor en clase, hazles saber que entiendes su situación y les apoyas. Existe una conexión directa entre la disminución del estrés y los resultados académicos “.
  8. La autorregulación puede ser un gran desafío para los estudiantes que sufren un trauma: Algunos niños con trauma están creciendo con padres emocionalmente no disponibles y no han aprendido a calmarse a sí mismos, por lo que pueden desarrollar comportamientos de distracción y tener problemas para mantenerse enfocados durante largos períodos de tiempo. Ayúdales programando descansos regulares en el cerebro. Al inicio de la clase explícales cuándo habrá descansos, tiempo libre, jugar o estirar. Un niño puede estar centrado durante 20 minutos si sabe que habrá un descanso para recargar antes de la siguiente tarea.
  9. Está bien preguntarles directamente a los niños qué puedes hacer para ayudarles a superar el día: Pueden pedir escuchar música con auriculares o poner la cabeza sobre la mesa durante unos minutos. Tenemos que dar un paso atrás y preguntarles si hay algo que podamos hacer para que se sientan mejor.
  10. Puedes ayudar a los niños con trauma incluso cuando están fuera de tu clase: comparte las estrategias que conoces con los demás profesionales del colegio, desde el conductor del autobús hasta los padres voluntarios. Recuérdales que el niño no es su comportamiento.

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